El amante de la playa
Llevaba dos días en el chalet y ya me había olvidado de todo. Necesitaba unos días alejada de todos y de todo para dedicarme un tiempo a mi, a pensar y a desconectar.
Me gusta venir a la casa de la playa porque me encanta en mar, el sol y pasear a primera hora de la mañana. Siempre hay personas caminando o tomando el sol. Bajé a la playa con mi biquini negro, el pelo suelto y descalza.
Y ahí estaba él, un hombre apuesto, maduro, con canas (me canta…) alto, espalda ancha… iba caminando por la orilla como yo. Nos cruzamos varias veces en ese ir y venir por la orilla del mar…nos mirábamos cuando nos cruzábamos mandando esa señal de me gustas pero que se queda solo ahí en un me gustas silencioso.
Me subí a la casa a cambiarme y seguir con mi teletrabajo cuando me llamó mi marido.
— ¿Qué tal por allí? — me preguntó.
— Bien, todo tranquilo — contesté.
— ¿Sólo bien? ¿Has conocido a alguien ya en la playa?
— Hay un vecino que está muy bien. Nos miramos cuando nos vemos pero nada más.
— ¿Te gusta? — me preguntó.
— Sí, la verdad es que me gusta.
— ¿Te acostarías con él?
— Me encantaría hacerlo, cornudo. ¿Tienes ganas de unos buenos cuernos?
— Siii — me contestó sin dudarlo.
Me reí sola. Pobrecito. Siempre tan obediente.
— Pues veremos qué pasa — le dije — . De momento solo nos hemos mirado.
— Cuéntame si pasa algo.
— Tranquilo, que ya sabes que te lo cuento todo.
Colgué y me quedé mirando el mar desde la terraza con el café en la mano. Al día siguiente bajé a la misma hora. Y él estaba ahí otra vez. Esta vez sí hablamos, de tonterías …. hablamos del mar, del pueblo, de lo bien que se está en mayo sin turistas.
Se llamaba Álex y tiene una casa alquilada cerca y también estaba solo.
Antes de subir a casa le pregunté si le apetecía tomar algo por el pueblo esa tarde.
Dijo que sí sin pensarlo.
Me puse el vestido de lino blanco, hacia calor y bajé al pueblo.
Nos sentamos en una terraza con vistas al mar. Pedí vino blanco, él una cerveza. Hablamos de esas conversaciones que fluyen solas.
En un momento me excusé para ir al baño y aproveché para mandarle un audio rápido a mi cornudo:
“Estoy tomando algo con el vecino. Está muy bien en persona. Está claro que le gusto. Luego te cuento, cariño.”
Respondió en treinta segundos:
“Me alegro. Disfruta.”
Sonreí, guardé el móvil y volví a la mesa.
Álex me preguntó si me apetecía seguir la noche en un sitio con música que conocía cerca del puerto.
Le dije que sí.
El bar era pequeño, con luz tenue y música suave. Pedí otro vino blanco. Nos quedamos en una esquina, cerca de la pequeña pista donde dos o tres parejas bailaban sin prisa.
La conversación se fue haciendo más lenta, más cercana hasta que me cogió la mano y se puso a bailar conmigo.
Bailamos despacio, pegados, noté su mano en mi cintura apretando suave pero segura. Me acerqué un poco más buscaba ese beso desde hacia ya bastante tiempo, me rozó la mejilla con la suya antes de buscar mis labios. Nos besamos despacio al principio, luego con más ganas, mientras la música seguía y el resto del bar había dejado de existir.
Estaba excitado, podía notarlo, me apretaba contra su polla y podía sentirla contra mis bragas. Bajo la mano y me cogió del culo y me apretó contra él, sin pedir permiso.
Nos besábamos y charlábamos mientras caían las copas de vino… Fuí al baño y le mandé otro audio a mi cornudo para darle la buena noticia:
Al llegar a su casa me besó con ganas, sus manos recorrieron mi cuerpo por encima del vestido.
Cuando notó que no llevaba nada debajo se le escapó:
— Dios —
— Ya — contesté yo.
Le quité la camiseta despacio y pasé las manos por su pecho, por sus hombros, era fuerte, muy fuerte, me gustan los hombres fuertes, me excitan mucho… nos besamos y mientras el fue a la cocina para prepar una copa yo me fui al baño.
En ese momento cogí el móvil y a mi cornudo pero esta vez no hablé, dejé el teléfono en mi bolso con la llamada lanzada y susurré bajito
—“Estoy en su casa, no puedo hablar, solo escucha”
Lo dejé en silencio y lo puse boca abajo para que él lo oyera todo.
Fuimos a su habitación, me tumbó en la cama y me comió el coño hasta que me corrío en su boca, mientras gritaba bien alto lo que me gustaba que me comieran el coño para que mi cornudo supiera lo que estaba pasando. Alex debió pensar que estaba un poco loca al gritar así pero la verdad es que era parte de ese juego de hotwife y cornudo.
Luego me puse a comerle la polla, tenía que decir cosas en alto para que mi cornudo lo escuchara bien a través del teléfono así que decía cosas como: Que polla más grande tienes! Apenas me entra en la boca! Avísame antes de correrte !
Estaba muy bien con Alex y la verdad es que quería que me follara toda la noche…
Me puse encima y le cabalgué hasta que nos corrimos casi a la vez, gritando como una loca de placer:
—Me corro otra vez, siii haz que me corra Alex !!!
Así me aseguraba de que mi cornudo lo escucharía todo…
Me quedé con las piernas temblando y la cabeza completamente en blanco. Necesitaba esto. Laa verdad es que había venido a la playa para relajarme y para follar, lo necesitaba, salir de la rutina, de follar con mi marido en la misma posición y los viernes por la noche, la verdad es que necesitaba estar con otro hombre que me hiciera sentir como una puta.
Me levanté al baño a limpiarme su leche y cogí el teléfono y susurré, casi sin voz:
—¿Sigues ahí, cariño?
—Solo decirte que esto es lo que necesitaba, un hombre de verdad, has escuchado como me he corrido con él?
—Me ha hecho gozar mucho más que tu cornudo.
—Creo que me voy a quedar a dormir en su casa.
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