Me gustaría contaros mi primera experiencia interracial como hotwife con un chico de color. Esta experiencia interracial es 100% tal y como pasó en la vida real, sin quitar ni poner nada, tal cual sucedió.
Mi primera experiencia interracial.
Era una tarde cualquiera de final de verano del año 2019, me sentía algo sola y aburrida. Esa semana mi marido estaba de viaje en Francia y me animó a hacer alguna travesura y compartirla con él por whatsapp para dar más chispa a nuestra vida sexual, son «nuestros juegos de adultos».
Decidí abrir Tinder con la idea de quedar con algún chico para tomar algo y, porqué no, echar un buen polvo. Me excitaba la idea de ponerle unos buenos cuernos al cornudo y pasarlo bien con un desconocido.
Estaba viendo perfiles cuando se me presentó algo que habitualmente no suelo ver, un hombre muy apuesto de color. En Madrid hay pocos hombres de color y me sorprendió gratamente porque siempre había deseado tener una experiencia interracial con un hombre negro.
Me gusta el sexo interracial, mujer blanca con hombre negro. Tienen las mejores pollas, no os ofendáis chicos blancos, pero es la verdad.
Como hotwife he tenido experiencias con colombianos, venezolanos, cubanos o dominicanos, pero esta iba a ser mi primera experiencia interracial de verdad.
Sin pesarlo dos veces le dí like y en pocos minutos hicimos matching. Él me habló y estuvimos chateando durante un rato hasta que acordamos vernos en la terraza de Radio, en Madrid, en la Plaza de Santa Ana. Un sitio muy chic de Madrid, ideal para tomar unas copas por la noche.
Hice un par de capturas de pantalla y se las envié al cornudo de mi marido para que estuviera informado de con quién me iba a meter en la cama y que pronto luciría los mejores cuernos.

Pocas veces he ido tan nerviosa a una cita Tinder como cuando quedé con Jon. Llegué una media hora tarde, no acertaba con el look y finalmente decidí ponerme de rojo, como veis en la foto. Quería causar una buena sensación, ir sexy pero sin pasarme de putón. Le mandé esta foto a mi marido y le pareció super sexy.


Finalmente llegué a Radio y, nada más verle, me causó una buenísima impresión.
Jon estaba sentado en la barra, se le veía más fuerte y apuesto que en las fotos. Pedimos unas bebidas y comenzamos a hablar y reírnos. Me hizo sentir muy cómoda y los nervios desaparecieron a los pocos minutos.
Estaba pasando un buen rato y comencé a sentir ese cosquilleo en mi vagina seguido de abundante flujo, lo reconozco, me estaba poniendo cachonda y solo llevaba media hora de cita.
Cuanto más le miraba más me gustaba.
Poco a poco el alcohol empezaba a hacer su trabajo y la conversación se tornó más picante y divertida. Le pregunté por sus relaciones sexuales y sus fantasías.
Jon me hablaba de sus experiencias sexuales y de su aguante en la cama lo que hizo que me pusiera aún más cachonda de lo que ya estaba. Él enumeró algunas de sus fantasías y me preguntó por las mías.
Yo estaba lo suficiente cerca de él como para susurrarle al oido que soy una hotwife, que tengo libertad para tener relaciones sexuales con otros hombres y que me sentía muy atraída por él. Que me gustaría que me follara toda la noche y que me hiciera el desayuno por la mañana.
Observé como su polla crecía y crecía, estaba a punto de reventar los pantalones vaqueros, posé mi mano sobre su paquete y me sentí poderosa. Al notar semejante paquete se me escapó un “madre mía” de la boca. La verdad es que no puede evitarlo, la gente me miró y me sonrojé.
Jon puso su mano sobre mi muslo discretamente, teníamos bastante gente al rededor y estábamos muy calientes pero eso no evitó que me cogiera con atrevimiento y me acercara a él para besarme. Me besó con pasión mientras mi mano intentaba abarcar todo su paquete, estaba empalmadísimo y yo mojada como si fuera mi primera vez.
Me estaba besando con un apuesto hombre de color, mi primera experiencia interracial como hotwife.
La gente no paraba de mirarnos, llamábamos mucho la atención, me sentía juzgada y señalada. Creo que pensaban algo así como: “que puta eres”, “está con él por que es negro”, “¿tendrá la polla grande?”, “que rico te va a follar”… o cosas así.
Sentía que todo el mundo me miraba y eso me incomodo un poco y pedí a Jon que fuéramos a dar un paseo para cambiar de aires.
Me excusé para ir al lavabo y retocarme. Miré el teléfono y tenía 25 whastappp de mi marido, estaba impaciente por conocer detalles de mi cita y le mandé el siguiente audio:
Salimos de Radio y fuimos caminando sin rumbo. Él me cogió por encima del hombro, sentía su calor, su fragancia, yo estaba como en una nube.
Jon me llevaba cogida como si fueramos amantes y esa sensación me gustaba, me gustaba bastante. En ese momento supe que ser Hotwife era una de las mejores decisiones que había tomado en mi vida.
Me preguntó que por donde había aparcado y esto me descuadró por completo. Minutos antes le había confesado que quería que me follara toda la noche y, ¿ahora me estaba llevando al coche?.
Pensé que algo que había hecho o dicho le había molestado y le pregunté directamente si algo le había molestado y me respondío:
– María, lo estoy pasando muy bien contigo pero me gustaría ir despacio y seguir viéndote. Me pareces una mujer increíblemente interesante y no quiero que desaparezcas después de acostarnos.
Respiré más aliviada.
Se detuvo y volvió a besarme, esta vez con más pasión. Me dejó exhausta, sin aliento, le miraba embobada, había caído en sus redes, me sentí completamente seducida por él. La cazadora cazada, que paradoja.
Tenía aparcado el coche en una calle algo oscura cerca del Paseo de la Castellana, nos pusimos entre dos coches y me apoyó contra el mio.
Me volvió a besar y de repente se agachó, me bajó las bragas y se las guardó en el bolsillo de su pantalón.
Yo estaba a su merced, embobada con mi negro, ese hombre me había cautivado y ahora me había quitado las bragas y sin mediar palabra metió la mano por debajo de mi falda y comenzó a masturbarme lentamente.
Sacó uno de sus dedos llenos de flujo y se lo llevó a la boca saboreando todo mi sexo a lo que dijo:
-Tu coño es un manjar, ahora es mío.
Y volvió a meter su mano debajo de mi falda y para seguir masturbandome y besarme a la vez. Yo notaba toda su polla grande y dura en mi vientre. Deseaba tener esa polla dentro de mi y comerla toda.
Tenía que tocarla y desabroché el botón de su pantalón, bajé la cremallera, metí la mano y saqué la polla mas grande y gruesa que he tocado en mi vida. Comencé a masturbarle mientras nos besábamos ocultos en la oscuridad de la noche.
Ahí estaba yo, abierta de piernas, él hacia conmigo la que quería y sabía que no tardaría en correrme. Comencé a masturbarle más rápido y a decirle cosas guarras al oido, le dije que quería que se corriera en mi coño y me llenara los pelos de semen.
Cuando noté que estaba a punto de correrse levanté mi vestido, apunté su polla a mi coño y le dije:
– Córrete en mi coño, quiero llevarme tu semen.
Jon descargó una gran cantidad de lecheen mi coño, notaba como se derramaba todo por mi vagina y caía por mis piernas, me había puesto perdida de leche y no tardé en correrme. Fue un orgasmo increíble, le clavé las uñas en la espalda ante la imposibilidad de gemir de placer mientras me retorcía de gusto.
Fue un orgasmo intensísimo, me temblaban las piernas. Me había hecho un dedo ahí mismo, a la vista de cualquiera.
Su semen seguía cayendo por mis piernas, su polla seguía palpitando, me sentía poderosa con semejante polla en mis manos.
Saqué unos cleanex del bolso y me limpié la leche.
Jon me besó una vez más.
Nos despedimos con más gestos que palabras. Él se fué con un escueto:
– Te llamo María.
Entré en el coche, aún me temblaban las piernas, cogí el movil y le mandé un audio a mi marido:
Y así fue mi primera experiencia interracial.
Unos días más tarde Jon me llamó para volver a vernos y quedamos para cenar e ir a bailar a una discoteca de Madrid, pero eso lo contaré en otro post.
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